miércoles, 22 de junio de 2016

Oaxaca, expediente abierto.

Oaxaca. Nochixtlan Oaxaca para ser exacto. Pero también Juchitán y Salina Cruz. Para el conocedor de la historia reciente del estado y para el observador atento de sus fenómenos sociales resulta evidente que el magisterio disidente se ha convertido desde hace décadas en un eje articulador de la vida del estado. No quiero pasar por alto la función de cooptación y control de la cúpula del sindicato, pero sobre todo de la secretaria estatal de Educación y los gobernadores que desde hace décadas han preferido cualquier alternativa a la de dejar que el sindicato desarrolle sus actividades conforme a la ley y de paso fomentar alternativas productivas e integradoras de la economía regional que respeten la particular  complejidad social, política, cultural y lingüística del estado. Más allá de la coyuntura, la importancia del magisterio en la vida oaxaqueña reside en que ha sido el espacio donde la política social y cultural del estado cobran sentido. No en las instancias de gobierno, no en los partidos. O por lo menos, no como en otros estados. Incluso el peso del magisterio como elemento cohesionador en medio de la multiplicidad étnica de la entidad resulta insustituible. Es esta función de cohesionador de la vida del estado la que es tocada por una reforma de corte laboral, que no contempla medidas para respetar la singularidad de cada entidad. Ademas, en lugar de una verdadera consulta se busca imponerla a través del despliegue masivo de la fuerza sin tomar en cuenta de que, en medio del abandono sistemático en que el estado mexicano ha tenido a las comunidades pobres del país, el magisterio tiene más crédito frente a su población que el lejano poder central.
Por supuesto que una multitud de actores económicos son lastimados por el proceso de resistencia e incipiente insurgencia (quizá ya deberíamos hablar de ciclos en este caso) que las ofensivas oficiales desatan en Oaxaca. Pero nuevamente nos debemos preguntar sobre la legitimidad de los intereses de estos actores y, por otro lado, por la completa ausencia de una visión de estado que a nivel local organice los distintos intereses en pugna y a nivel federal recupere su sentido federalista (valga la redundancia) y permita al estado organizarse respetando sus singularidades.
Un paso en ese sentido, por ejemplo, fueron los comicios aplicando el principio de usos y costumbres para municipios indígenas, pero en lugar de salidas imaginativas que busquen generar un nuevo orden cívico y económico, tenemos a la federación convertida en el sostén de cacicazgos que su único rasgo de modernización es ser cada vez más proclives a maniobrar a favor de trasnacionales.
En la medida en que no se recupere la noción de gobierno como elemento cohesionador del territorio y la necesidad de respetar las particularidades de cada entidad y de su gente, lo probable es que viviremos en una constante oscilación entre la resistencia de las sociedades que se organizan y el sufrimiento en silencio de las que no ( Tamaulipas, por ejemplo) pero sin  conformar verdaderamente un espacio habitable en este país.
En fin, la palabra la tiene la ciudadanía de México y de Oaxaca, no sus tecnocracias. Para ellas sólo hay un camino, el de siempre.

lunes, 20 de julio de 2015

El lento discurrir de la escritura.

Hay momentos en que prefiero mantenerme a contracorriente. Uno de esos momentos es al escribir. Si bien puedo entender la premura al generar un texto de carácter utilitario, cuando se trata de textos que pretenden ser mucho más personales, abocarse a las obsesiones que de alguna manera me hicieron llegar a lo que soy ( o no), no puedo escribir rápido.
Cuentos, ensayos, poesía: cualquiera de esas manifestaciones me resulta demasiado gozosa y dolorosa para ponerlas a discurrir en los plazos de algo que ya es una industria cultural. Y conste que cumplí mis compromisos académicos siempre en tiempo.
En realidad yo mismo estoy atrapado en esa red. Ahora mismo este texto le roba tiempo a compromisos ya establecidos. Precisamente esa lentitud lleva a no tener (jamás tendré) una amplia gama de textos para enviar a concurso. Claro. Sabemos de muchas cosas muy bien escritas que nunca debieron llegar a letra de imprenta. Sobrenadamos en textos que sólo expresan la necesidad de cumplir un término. Tal vez la respuesta la tenga el buen Juan de Valdés Leal en su Finis gloriae mundi : "Ni mas. Ni menos".

domingo, 26 de octubre de 2014

Víspera de Muertos

De repente un frío ya casi invernal se ha posesionado de las calles. En lo particular, considero los meses de septiembre y octubre los más visualmente atractivos en el altiplano mexicano y las sierras costeras que lo circundan. La luz que ilumina ciudades como la de México, Guanajuato, Zacatecas o las playas del Golfo me resulta un deleite que luego olvido hasta que al siguiente año sus efectos vuelven a fascinarme.
Un amigo mio, profesor de origen náhuatl, platicaba por estos días de la apertura del Mictlán y las almas que venían a visitar a sus parientes en este mundo. Cada que platicábamos, igualmente, recordaba los caminos de pétalos en los caseríos de la sierra, la lluvia incesante en el panteón de Altotonga y Teziutlán, las veces que caminamos entre niebla y tumbas tratando de encontrar a la parentela en medio de las flores de cempásuchil y cresta de gallo, nube y tantas otras.
Este año es difícil que visite a mis muertos. No dudo que ellos me visitarán, pero en realidad, en medio de tanto fango y sangre, de tanta oportunidad para ceder al desaliento, no sé si disfrutaré estas fiestas. Seré claro: este año estamos un poco más muertos los de este lado, un poco más cínicos y sin esperanza.
Con todo, espero que a lo largo de la semana pueda volver a ver esos juegos de luz que luego olvido y sentir de nuevo cierta esperanza.


domingo, 9 de febrero de 2014

Remembranza del fuego

Quizá parezca que estoy tranquilo. Cómodo, adaptado al medio. En realidad, cada vez más, mis sueños se convierten en una advertencia, en una indicación de un aluvión que cualquier día se desata y me lleva lejos, o a las arenas de mi infancia o a algún paraje que no conozco pero está esperando mi presencia desde hace años.
Resulta que sueño y vuelvo a lugares que no he visitado en años. Quizá algunos realmente nunca los he visitado. Siento el sol que baña mi piel en esos sueños y veo al fondo montañas y mares, gente que no conozco pero que está esperándome.
Hay otras escenas que si viví. Que vuelven con fuerza porque quieren decir algo, expresan algo que con palabras no voy a decir o, por lo menos, no voy a decir hasta mucho después, luego de una verdadera inmersión en la palabra que de verdad ponga en riesgo los límites de esa comodidad usada para simular que nos comunicamos.
Estoy en la casa de mi tía abuela. El piso es de ladrillo, la casa de madera, nos ilumina un foco que enciende gracias a un largo cable. Las polillas y mosquitos revolotean en el foco. Mi hermano y mi padre están sentados frente a mí, mi hermano tiene el dorso desnudo pues nos bañamos en el mar hace unas horas. Mi padre lleva una camisa ligera, su gorra, tiene los lentes puestos. A su espalda está la puerta a oscuras, la puerta que da a la loma. A mí lado, frente a ellos, esta mi otro hermano, mi madre nos hizo café y está sentada un poco más allá. El café es de olla, de ese aguado que hace la abuela y que deja posos negros que luego usamos para las plantas.
La noche no es muy avanzada. La charla viene del mar, de ver la arena y las aves, de patalear y dejarse arrastrar por las olas. Mi madre de cuando en cuando recuerda las excursiones de cuando era niña, el sabor del jobo, días que sólo nos llegan a través de su memoria. Mi padre cuenta de las tortugas, del problema de manejar en carretera mala. Mi hermano está distraido, pensando quizá en ese calor que a todos nos está venciendo.
De repente asoma su hocico la cerda. Es una cerda enorme, la hemos criado desde hace meses en la parte de atrás de la loma. Sólo se asoma, lenta, incorpórea, rompiendo el negro de la habitación en oscuras. Mi hermano ve que vemos algo a sus espaldas, gira la cabeza. Y la ve a la altura de sus ojos.
Claro que se sobresaltó. Más que el rostro la sensación de algo respirando sobre su espalda, dirá después.
Yo pienso sólo en esos segundos: la cabeza que irrumpe en la zona de luz intrigada, el giro curioso de mi hermano y ese choque, instantáneo, sin reflexión posible ante lo inesperado.
Igual si hubiésemos estado frente al fuego en un campamento inmemorial. Lo inesperado nos saludaba frente a frente.
Luego vino la reacción y  el jalar de la soga que pendía del cuello de la cerda. Un pedazo de pan para el susto. Pero esos momentos, ese momento de quiebre. La Diosa Hécate apareciéndose a mi hermano bajo la figura de una puerca ( o un perro negro, o un bulto, o un enano, o un toque inadmisible).
Así siento estos momentos de confianza. Un estar en el fuego. En el círculo iluminado. Esperando que se manifieste lo inesperado.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Más que un bloqueo, un eclipse.

Las últimas semanas tuve una larga temporada de no escritura. En parte lo provoco la necesidad (apenas en primera instancia resuelta) de escribir una ponencia. Pero en realidad, en paralelo a esa escritura intelectual, especializada, mi otra escritura - especializada e intelectual, pero antes que nada, ligada a una búsqueda estética- se detuvo como si algo la hubiera trozado de golpe.
Si, sirvió ver como gente joven a la que respeto comenzó sus avatares en el proceso de escritura. Igualmente ver a los colegas de siempre en sus afanes por ser percibidos como autores e, incluso, como buenos autores.
En realidad el problema es qué se busca al escribir. Antes hubiera contestado muchas cosas que realmente ahora no podría suscribir. Mejor comienzo a explorar la página en blanco y poco a poco construyo aquello que quiero. Tengo unos cuentos por ahí descansando en la antesala editorial y un poemario frío en las carpetas de la computadora. Todavía no renuncio a incursionar en temas que como ciudadano me incumben, pero realmente ese registro no está normalmente en lo que escribo.
Pienso que quizá lo que intento es de no circunscribirme al espacio material y temporal donde el azar tuvo a bien engendrarme y explicarme. Si bien hay wannabes que se conforman con ir a esquiar a Aspen y endeudarse lo que resta del año, a mi no me basta con ir a Aspen. Necesito ir a una dimensión personalísima que a duras penas tentaleo y a partir de ahí intento recomponer todo lo demás.
Por ahora, empiezo a sentirme inconforme con lo logrado (casi nada) pero creo que la búsqueda sigue valiendo la pena. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Puebla bajo la lluvia.


Estos han sido días de nubes y lluvia. Cada tres días para un poco la precipitación, sale el sol y, antes de que nos acostumbremos, vuelve a llover al día siguiente.  En lo particular me agrada la manera en que brillan las piedras del centro de la ciudad tras la lluvia, pero no soy indiferente al hecho de que esa magnificencia de piedra, ladrillo, mosaico y estuco suele colapsar durante esta temporada. Simplemente, lo que acostumbramos ver como normal, se vuelve prescindible, cansa, aburre. Un día queda sólo un hueco, una estructura vencida y añosa o un montículo de escombros y entonces añoramos la belleza del primer día.

Hay algunas casonas adornadas de mosaico que me parecen dignas de verse una y otra vez. Otras tienen trabajos en mármol y tableros de cantera que indican una voluntad de diferenciarse del entorno. Resulta paradójica la riqueza de estilos, en ocasiones su simplicidad o, al contrario, su abigarramiento, comparada con la triste monotonía de la ciudad extendida. El reino del concreto y la lámina. Un día imagino esta ciudad extendida expandiéndose sobre las piedras y mosaicos de la primera ciudad de la misma manera que el ruido del tráfico envolvió una ciudad diseñada para el tránsito de caballos. Esos serán días tristes y monótonos, días de fijación en viejas fotografías y grabados. Días de mucho ruido, también.

viernes, 9 de agosto de 2013

Recordando una lectura de Truman Capote

He estado recordando mucho a Truman Capote. Música para camaleones. El texto lo leí hace muchos años, precisamente en esa primera juventud en que se tiene la libertad para leer más de lo que te indican. Ahora, muchos años después, me descubro recostado en la cama recordando más que las historias, la forma en que están contadas, una cierta transparencia y calidez transmitida por el lenguaje y que pone a los personajes frente a uno, gesticulando, cuchicheando, mirando.
Todo había comenzado con “Ataúdes tallados a mano”. Esa era la recomendación de lectura, pero no la respeté. Me fui relato tras relato enamorándome de esa narrativa. Si los ataúdes estaban tallados a mano, estos relatos también. Lo gracioso es que, años después, todavía me intrigue imaginarme reflejado en un espejo como el descrito en la historia que da título al libro.
¿Dónde lo leí? En una biblioteca pública. En Puebla varias de las bibliotecas están resguardadas por edificios coloniales o del siglo pasado. Entre la ex Penitenciaría del Estado y el ex Hospital de San Pedro, podía elegir dos diferentes experiencias de lectura, una marcada por las miradas al patio de la exfortaleza, un juego de hojas y niñas yendo a cursos de teatro o bien, la soledad de un anexo del museo donde rara vez entraba alguien. Un atractivo de ambos espacios era la frescura de la piedra que, aunada al silencio, permitía leer sin sentirse asfixiado.
De Truman Capote no he leído mucho más. Algo de lo que escribió sobre él Luis Villoro me disuadió de leer Desayuno en Tiffanys. Tuve contacto con un texto que escribió a su regreso de un viaje a Moscú – el primero tras el inicio de la guerra fría de artistas estadounidenses a la superpotencia rival-, pero tuve escrúpulos y lo deje en la casa del amigo que lo poseía.

Lo gracioso es cómo, años después, tras leer notas de literatura norteamericana en inglés que ni vienen al caso, vuelve el fantasma de esas letras y se me ofrecen como tentación. No sé si valdría la pena poner música para las iguanas.

martes, 16 de julio de 2013

Larga duración.

Se habla en demasía de la poca memoria de los pueblos. En realidad, estos sí recuerdan. Simplemente tienen una paciencia que no se mide igual a cómo lo hacen los individuos.
Día tras día, con una paciencia de gota, con una lentitud que  exaspera a los visionarios y letrados - rápidos para interpretar la marcha de los siglos como si fuera ballet- la gente va modificando sus derroteros, implantando prácticas que  impedirían reconocer algún paraje o lugar a partir de las costumbres de quienes lo habitan.
De repente, cuando la pradera es un desierto y el mar ha devorado la enésima ciudad, alguien comenzará una marcha hacia otro lado. Su memoria, vuelta mito. Su futuro un gesto, un pulso. Como el deslizamiento de tierras. Como el crecer de las montañas.
Ninguno de nosotros estará ahí para verlo.

jueves, 6 de junio de 2013

Unas palabras sobre las pequeñas especies y Leonardo Boff

Bien. Retorno después de otro periodo de silencio. Últimamente considero esto saludable. Poco a poco, en medio de lo cotidiano, los tiempos cambian. Parece que todo continúa como siempre, pero el escenario ha cambiado. Si no se tiene la precaución de tomarse un respiro y pensar sobre la manera en que han cambiado las cosas, sus sentidos potenciales, se termina en medio de la nada.
De momento, el medio ambiente vuelve a preocuparme. Notas aisladas como la desaparición de una especie de cangrejo de las costas veracruzanas. Años quejándome de cómo los automotores los convierten en pasta sobre el asfalto para que los desarrolladores turísticos los dejen sin hábitat. Lo mismo mariposas, salamandras, pequeñas especies que fueron las únicas con las que pude interactuar en un mundo que cuando nací ya estaba en jaque. El verdadero problema es que no basta lo que se hace. Por más que se vean animales o ecosistemas amenazados en los medios, por más que se reflexione sobre la necesidad de un cambio en el ritmo de consumo de los recursos naturales y la preservación y posible restauración del medio, las malas noticias se acumulan.
En el plano conceptual no estamos mejor. De repente el hombre contemporáneo parece el clásico ajusticiado atado a cuatro caballos, con el agravante de que es él quien da la voz para que estos arranquen su carrera y lo despedacen. Como universitario, como heredero de esa tradición occidental que no necesariamente debía terminar en este triste espectáculo, como mestizo, hijo de veinte sangres, el panorama me resulta desolador y las posibilidades de incidir cada vez menores.
Sin embargo, recuerdo un texto de Leonardo Boff. Su visión integral de la humanidad y el medio, pese a los reparos que a veces me provoca el tono de su teología, me llaman a retomar la esperanza pese a la cada vez más negra perspectiva. Quisiera un tono más mesurado, algo neutro para poder escribir al respecto, pero en un mundo que amenaza ya no tigres o elefantes, ya no otros seres humanos sino pequeñas especies que no costarían nada preservar, hecho mano de lo primero que encuentro, del último texto en el que el llamado a la esperanza me sonó vehemente y sincero.

Afuera llueve. Pienso en los años en que pude vivir rodeado de vida vegetal y de animales. En este mundo donde la riqueza viene del concreto y los combustóleos quién diría que el salto de una rana sobre el piso podría resultar un llamado subversivo a la reflexión y al acto, así sea de escribir.

sábado, 9 de marzo de 2013

Días de Marzo

Son los primeros días de marzo. En Puebla se viven los preparativos para una campaña electoral que se antoja como una fase más de un proceso ya largo, ese extraño juego entre quienes pugnan por la modernización y quienes la resisten, convirtiéndose al final, unos y otros en beneficiarios de la lentitud del cambio social. Lo anterior debido a que las posiciones son intercambiables: a un rasgo modernizador corresponde un sesgo autoritario o una tentación exclusivista que sólo varia los beneficiarios de sus políticas o los gestores de ese cambio desde el poder.
Mariano Piña Olaya, Manuel Bartlett, Melquiades Morales, Mario Marín y ahora Rafael Moreno Valle, pese a sus tremendas diferencias de estilo y formación, han visto el poder ejecutivo como la posibilidad de alterar el balance de fuerzas al interior del estado. Sólo Melquiades Morales basaba su legitimidad en la pertenencia a los grupos locales y su capacidad de generar equilibrios. Bartlett y ahora Moreno Valle, por su parte, se vieron a sí mismos como grandes protagonistas del entorno nacional y, en esa medida y con distinta suerte,se plantearon modernizar el estado y generar una nueva clase política.
El juego entonces, recomienza y frente a las pautas ya conocidas del uso de las grandes instituciones del estado para cimentar prestigios y presencia mediática, el cambio social continúa, sin poderse aquilatar en toda su expresión. Sí, pronto vendrá Audi y se unirá a Volkswagen de México como el motor de la industria local. Pero la manera en que esta ampliación de la capacidad industrial del estado repercutirá en el equilibrio demográfico y ecológico de la entidad, en el uso del agua y la movilidad del ciudadano, apenas es intuida como algo mayúsculo, algo de tal magnitud que no alcanzamos a visualizarlo ni a prever sus costos. En tanto, la Mixteca y las sierras del Estado continúan fuera de la agenda, como si fueran las mismas de hace años, cuando tal cosa no es posible. La duda que me genera  la actual coyuntura se refiere a la manera en que las identidades colectivas y ciudadanas se transforman más allá de las instituciones, en la práctica cotidiana, en los problemas del día a día. ¿Hay cambios de fondo en la manera en que la ciudadanía enfrenta lo político y social? ¿Pueden darse en dado caso?
Frente a posturas que ven la política como un juego de élites en su sentido más estrecho, expulsando al ciudadano de un proceso en el cual siempre está presente, creo que el revaluar la manera en que la gente común va haciendo suya una posición política, una exigencia crítica y, por ende, ciudadana, podría ser la vía para contrarrestar la transformación del espacio público en un espacio de competencia económica y mediática, ya que al final su resultado depende de la decisión del hombre común por votar en contra o a favor de algo, de concentrar el poder o diferenciar a sus detentadores.
Hace mucho que en Puebla no se habla de la importancia de pesos y contrapesos al poder. A lo más, se habla de los intereses contrapuestos de actores que, si por ellos fuera, prescindirían del ciudadano como referencia de su actuar. Frente a la lógica de la concentración del poder, quizá sea momento de retomar la idea del voto diferenciado y la dispersión de la representación electoral como una vía para, en los hechos, acotar cacicazgos y garantizar espacios de consulta y participación.
Recordemos que es precisamente la participación del hombre común la que evita la degradación de la esfera pública y de aquellos especialistas que la misma sociedad genero para gestionar sus instituciones.
La vía es pues, más participación.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Panóptico de la ausencia


Un dintel marcado a balazos.
Polvo y casquillos.
Lejano eco de cerveza.
El sabor de la muerte.

-Entre sueños veo el deambular de sus mujeres,
las casas de un puerto,
vagones y vías férreas,
esvásticas en mármol negro.
Lagunas y pelícanos bordeando el desierto.
Camionetas de vidrios oscuros,
vidrios oscuros todo el norte.

Veo el puente, 
goteo de luces en la noche última,
alambradas de silencio.
Panóptico de la ausencia:
sin gobierno,
sin certezas.
No veo nada, nada supe,
nada pasa.

martes, 9 de octubre de 2012

Octubre en la noche

Una noche otoñal en Puebla. A veces camino en la noche y me quedo viendo la calle vacía frente a la casa. Por alguna razón desconocida, el tono de las lámparas se ha vuelto más rojizo con los años. No sé si es mala memoria o imaginación, pero las recuerdo más claras en mi infancia. Al final lo único que no se pierde es el hábito de caminar, de detenerse a reflexionar en el silencio nocturno.
Me siento en el sofá frente a la ventana.Si es fin de semana, algún vecino tendrá música. Cada cierto tiempo llega gente al andador de al lado. Desde jóvenes que buscan unirse a la fiesta, hasta parejas silenciosas.
Normalmente son noches tranquilas. Quizá temerosas. A veces se escapa uno que otro recuerdo de la inseguridad. El horizonte siempre está asociado a promesas, promesas que pueden ser esperadas en vano. Simplemente no se sabe que traerá el volcán: ¿nubes, nieve, un penacho de ceniza? Al día siguiente el volcán sigue más o menos en el lugar dónde debió observarlo Humboldt y la vida vuelve a su conciencia extrañada de siempre.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Noche de verano de un mal año

En fin, está terminando el verano. No he querido ver las imágenes del consulado norteamericano en Bengasi, aunque no dudo que la idea de ceder el control de Siria a los islamistas el día de hoy debe resultarle menos atractiva al departamento de Estado que a principios de año. Ese es el problema de las intervenciones directas o indirectas: es extremadamente difícil que se ajusten a las previsiones originales. El día de hoy Malí y Libia padecen un descontrol que la muerte natural de Gadaffi quizá no hubiese provocado. Es mucho más fácil, pero lento, presionar a un estado que intentar construir uno de las cenizas de la rebelión. Claro, nada de lo que diga o escriba impedirá futuras intervenciones. Y resulta por lo menos contradictorio, opinar de una situación de guerra cuando mi propio país atraviesa una cuyos alcances y límites nunca han sido definidos y, por lo mismo, alcanza en su furor incierto a muchos inocentes inadvertidos. Es una guerra que no es. Aparentemente la primera "secuela", si cabe ese termino con respecto a un proceso bélico irregular y su impacto en la alta cultura, ha sido la incorporación de temáticas de violencia y narcotráfico a la literatura. En principio parece que la no ficción se lleva las palmas en este primer acercamiento  y las literaturas en algún momento llamadas del Norte junto con ella. Leer a Diego Enrique Osorno y por el otro lado las últimas derivaciones de los textos de Luis Humberto Crosthwaite son la marca de una cierta reacción al fenómeno que creo, tendrá variaciones aún más importantes. En medio de las proclamas gubernamentales y los esfuerzos de ciertos sectores de la sociedad por ver hacia otro lado (cuestión incierta pero comprensible) queda un tejido social maltrecho, lastimado, que exige múltiples narrativas para poder ayudar a la comprensión de la nueva realidad que, poco a poco, se va erigiendo.

Nuevamente revistas como Emeequis y Gatopardo así como diversos periodistas que enfrentan diariamente el riesgo y, sin embargo, no dejan de publicar su visión de esta realidad distorsionada son los pioneros en este proceso de resignificar. Queda por ver cómo reconstruiremos una visión cultural de nosotros mismos, plurales y a veces enfrentados, sobre las bases que nos dejan los grandes nombres que se escapan: Carlos Montemayor, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Tomás Segovia y otros un poco más lejanos pero no menos relevantes como Octavio Paz, Fernando Benítez, etc.
A la larga y pese a los cantos fúnebres que suelen acompañar el desempeño de la novela, sólo ésta permite esa visión global de la realidad que brinda a una generación la oportunidad de tomar posesión del mundo que habita y heredarlo a nuevos lectores. Más que pensar en la frivolidad de una reseña o un premio literario, la meta debería ser generar esa narrativa que refleje con la distancia y penetración necesarias, las profundas transformaciones de las que esta violencia es heraldo, consecuencia y síntoma.

sábado, 18 de agosto de 2012

GOTEO

En estos días he hecho más esporádica mi escritura en blogs. Hay quien me dice que no sirven, no llegan al tipo de lector al que aspira un escritor o, en otro sentido, que es una propuesta más visual, más adecuada para fotografías o vínculos.

A mí lo que me preocupa es su capacidad de distracción. Creo que por estar fraccionando el pensamiento en pequeños tópicos, rachas de ideas cada vez más difíciles de sistematizar, uno empieza a perder la capacidad de concentrarse en un tema o de desarrollar una idea hasta sus últimas consecuencias (posibles).
En fin, hay otra cosa. Tampoco creo que el escribir sea un  ejercicio gratuito. A veces, como en esta ocasión, el duelo con el vacío tiene su lado gratificante. Pero me gustaría tener mejores asuntos de los cuales escribir. Tengo una buena razón: en este mundo cargado de barullo y malas noticias, el escribir es una apuesta por la capacidad y la imaginación humana. Frente a mí hay múltiples razones por las que parecería más sano y más urgente llevar algo más periodístico o historiográfico que las sempiternas luchas con el deseo de escribir. Pero, finalmente, estos espacios en blanco, este estar sin ideas es el momento angustiante que preludia un inicio. No sé que ni cual, pero tomarle la medida no puede ser completamente gratuito.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La importancia de la escritura

Nuevamente me pierdo en el ejercicio de teclear algo a media noche. Más que insomnio es la necesidad de comunicar algo. Algo que, más que inefable, todavía no puede decirse porque no está escrito. 
Distintas cosas me han estado distrayendo los últimos meses. Eso que la mayoría llamaría vida. El trabajo, el estudio, el trato con el resto de la gente. No, no reniego ni rehuyó tal cosa. Pero yo llevo escribiendo desde la secundaria y leyendo desde los seis años. No aprendí en preescolar, simplemente me ponía a ver las fotografías de los libros sin realmente leer. La escritura fue más inocente. Empece en las páginas de enmedio de las libretas. Las de hasta atrás eran para teléfonos y dibujos. Me encanta dibujar, todavía me fascina tomar la manteleta de un restaurant y llenarla de visiones más o menos oníricas.
La fotografía y la pintura eran artes mayores que jamás domine, pero el coqueteo sigue.
Tarde años en aprender a escribir en un español más o menos académico. Creo poder hacerlo, pero aún me preocupa más la posibilidad de volcar mis obsesiones en el papel. Porque soy vieja escuela. Escribo preferentemente en papel y luego capturo. Excepto estos ejercicios.
Creo que no se ha perdido esa sospecha del racionalismo y la visión religiosa en contra del poder herético del que se aproxima sin sanción superior a ejecutar un texto. La sospecha es contra el texto.
No se escribe porque sirva para algo concreto sino porque se quiere. Si se vende, obtiene un premio o el texto informa algo es ganancia, pero la idea primordial era escribir. Y entonces uno resulta tan impredecible que moverse en el sistema - que es como el aire, te rodea, te envuelve y aunque te enojes te sustenta- se vuelve un poco difícil, un equilibrio entre cálculo y placer, entre ganar un premio y/o prestigio y la posibilidad de sólo desvelarte para escribir porque quieres que alguien te lea.
Al final te das cuenta, hagas lo que hagas, no debes renunciar al gusto que tuviste la primera vez que te desvelaste escribiendo. Alguien podría leerte.

sábado, 10 de marzo de 2012

Italianos


Tengo un libro de Gramsci en la cabecera. Sus cartas. También tengo el epistolario más o menos completo de Pasolini. En ambos casos se trata de autores que disfruto de diversas maneras. En ellos coinciden mis lecturas políticas y las literarias. Sin embargo, no he podido terminar ninguno de los dos libros. Es, más bien, una especie de adivinación la que ejerzo con los libros de estos connotados materialistas. Los tomo al azar y leo lo que me place. Esta lectura anárquica me trae a la mente un texto de Reyes en La experiencia literaria donde exaltaba la necesidad de tener una lectura sistemática, filológica por decirlo así. Ese hermoso párrafo del orden y de la sistematización vuelve a mí cada que tomo alguno de los volúmenes y me pierdo en el joven Pier Paolo fascinado por el futbol o en las angustiosas búsquedas de Antonio del mecanismo que le permita sobrevivir al encierro, a ese otro mundo que, por estar cerrado, es un aleph de la sociedad contemporánea.
No es que no pueda hacer una lectura sistemática. La hago seguido. No con la entrega de cuando realizaba mi tesis. Todavía guardo silencio cuando alguien cree que es gracia declarar algo sobre algún tema sin conocerlo a profundidad. Pero coincido en que no es lo más placentero. Me leo y me contradigo mentalmente. Estoy pensando en todos aquellos que creen que el no tener estudios formales de literatura es una ventaja ante el texto. No es así. Vamos, no implica sino la posibilidad de darle un cierto orden a las lecturas y, el problema, precisamente, es que por lo menos debes saber que ese orden es necesario o posible. Hay placeres de otro tipo en esa segunda, tercera o cuarta lectura.
Vuelvo a Gramsci y a Pasolini. Me permiten saltar del tema de la novela contemporánea y la sexualidad reprimida al de los bajos salarios de los profesionistas. Esos son mis temas, mi mundo a pesar de toda la globalidad que queramos incluir. Es mi desorden. El ansia de conocer un poco de este mundo, habiendo surgido de los coros de ángeles, arcángeles y héroes nacionales de la historia patria. Pero veamos las cosas con atención: un hombre que encerrado en las más duras condiciones logra armar una interpretación fértil y flexible de una teoría que suele sufrir la mutilación de su dinamismo en pro de la ortodoxia. Eso requiere disciplina. La clase de orden, de lectura cuidadosa que rehuyó con ellos. Pasolini es más un hombre de acción. Un cristiano atormentado por el pecado que llega a Marx a través de Cristo. El deseo, el pecado, la caridad, para él son vivencias, como el movimiento social es vivencia para Gramsci. No estamos en el concepto, en la arquitectura pura del intelecto. Es una escritura cargada de una dimensión vivencial que va en contra del orden de lo sistemático. Sin embargo, presuponen ese esfuerzo. Lo desbordan.
Sigo pensando en ellos. Algo me dice que en ellos hay cuerpo, historia y sangre. Como en la Biblia. Aparte esta aquel escrito sobre la India – y esas burlas en Gramsci al padre Bresciani-. Sólo termino pensando que, pese a la necesidad de la sistematización, del orden, también se necesita un espacio para lo abigarrado, lo desordenado, aquellas lecturas que en su amplitud nos devuelven un poco de ese caos vital que, si no se presenta, nos ahoga en rutina.

viernes, 10 de febrero de 2012

De madrugada.

Hay momentos en que sólo escribo por escribir. Hoy, por ejemplo, llene varias páginas de una libreta profesional de algo que espera ser publicado algún día. Igualmente, pienso recopilar mis textos dispersos e intentar darles algún orden. Sucede que al contacto con mis alumnos, y con algunas buenas publicaciones que atesoré durante los últimos años, me doy cuenta de que quiero retomar mi faceta de autor. La que me llevo a estudiar algo que francamente no estaba ranqueado correctamente en el top ten del pensamiento familiar. A estas alturas del partido, no puedo pasar por alto que son mis gustos y mis anhelos el entramado secreto que guía mis actividades presuntamente más consciente. El no publicar, el no tener listo un texto de ficción o no ficción para su publicación, me hace sentir vacío, baldado de alguna íntima forma. Eso me causa más escozor que no tener auto. Y aquí estoy, dueño de páginas inéditas y un profundo deseo de continuar.

martes, 20 de diciembre de 2011

Casi Navidad

En fin. No me sorprende la manera en que la vorágine comercial desplaza el festejo religioso. O cómo quienes quieren promover la religiosidad de la fecha - más ligada al solsticio y a esa común consciencia del final visto por todas las civilizaciones de raíz agrícola y estacional- promueven el rito y no su necesaria introspección.
En fin. Cada vez más una Navidad sin Niño Dios. Pero bueno, apenas observe un pagano pero ya tradicional árbol navideño adornado con imitaciones de billetes de alta denominación. Feng shui le llamaban a esa impostura. Quise revisar si bajo el árbol no había una terminal de carga y descarga o un rastro tipo TIF junto a una clínica privada, pero no, seguía el Nacimiento. Y eso implica que la Crucifixión también sigue ahí. Alfa y Omega, Final y Principio. Aunque no se crea en nada es necesario respetar los ritmos del Cosmos, esa mera consciencia del pertenecer que el toma y daca del mercado no deja de debilitar si se le abandona a la tenacidad de la élite financiera.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sobre cultura política y literaria en México


Acabo de enterarme de las declaraciones del Dr. Cordova ( precandidato al  gobierno de Guanajuato por Acción Nacional y exsecretario de salud) en las que confunde una obra clásica de Maquiavelo con la obra clásica de Saint-Exupery. Esta declaración fue la última de una serie que amenaza con extenderse como cascada y donde uno de los “argumentos” de la defensa ha sido el demeritar el papel de la cultura literaria frente a la sociedad en general y en su papel de componente relativo del bagaje de una cierta clase política.
En medio del debate aparecen ciertas aristas peligrosas que para apreciarse deben sacarse por un momento del debate electoral para luego retornar a él desde otra perspectiva. En primer lugar, la cultura de la clase política. El gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, y el precandidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador me servirán para ejemplificar. Uno cito en la prensa como las obras que más influyeron en él : El arte de la guerra de Tzun- Su, Las 48 leyes del poder de Robert Greene y La batalla del cinco de mayo de Pedro Ángel Palou (ver http://www.sexenio.com.mx/puebla/articulo.php?id=6615 junto con otros ejemplos locales) El candidato izquierdista habló de “La Constitución”. Visto con cuidado, aquí se revelan las raíces del lapsus de Córdova. Por un lado existe una clase política que se nutre de lecturas – en el mejor de los casos- especializadas sobre el fenómeno y la práctica del poder y, por otro, una expectativa social donde la cultura y, en particular la alta cultura –cierta música, cierta literatura, otras artes- son atributo del gobernante y el ciudadano. Y aquí comienza el embrollo. No sé puede leer El arte de la guerra sin vincularlo con la filosofía  y la cultura china. No es un manual o un compendio como podría aspirar a ser el libro de Greene. Mucho menos se puede hablar de la constitución, un conjunto de normas, como una influencia literaria. Cuando Córdova quiere mostrarse culto confunde un libro que tiene profunda aceptación y resonancias emocionales entre la ciudadanía con un texto, igualmente clásico, pero de una naturaleza radicalmente distinta.
Parece que la visión, la perspectiva sobre la cultura de una buena parte de la clase política mexicana esta permeada por una necesidad de utilidad, por un irrefrenable sentido de lo instrumental, donde lo bello, lo artístico y lo expresivo, está de más.  Esa visión instrumental, de especialista en el discurso del poder, choca con las expectativas de otros componentes de la sociedad que aspiran a algo más integral. Lo verdaderamente desolador es que estos otros sectores de la sociedad – mucho más sensibles a la alta cultura o conscientes incluso del valor de la cultura popular, no meros vivenciadores de ésta- normalmente no le dan al fenómeno del poder la importancia debida y no traducen su diferendo con los especialistas políticos en una posición y una participación cívico-política sostenida que pudiera contrarrestar la brutal especialización.
De momento, la síntesis se antoja imposible. Tenemos especialistas en las técnicas y los discursos del poder y especialistas en las técnicas y discursos del conocimiento y el arte. Son estos segmentos los que se enfrentan en las polémicas estériles del momento. Estériles porque el conocimiento tanto de la esfera del poder como de la alta cultura no trascienden al resto de la sociedad. Una amplia mayoría no leerá ni uno ni otro tipo de obras. Su vida está condicionada ya por la carencia de medios de acción y de expresión, tanto políticos como artísticos. Mientras tanto, la hiperespecialización avanza y la creación de una colectividad conocedora de los mínimos indispensables para saberse, entenderse y expresarse como ciudadana, se posterga indefinidamente.

viernes, 7 de octubre de 2011

Sobre escritura.

Suelo revisar lo que escribo. Sin embargo, otras veces prefiero simplemente pasar mis dedos sobre el teclado y dejar que el momento dicte lo que escribiré. Estos días me encuentro muy preocupado por mis textos. Tras unos cuantos años de escribir cuentos (cortesía de Gabriel Wolfson la pulsión autocrítica) me descubro insatisfecho una vez más con ellos.
Para empezar, creo que necesito ampliar mis lecturas. Los temas que solían atraerme necesitan un nuevo tratamiento. En este sentido, el dar clases ayuda a romper un poco los tabués con los que uno construyó su percepción. Y adquirir otros.
En principio, si bien no renuncio al lector especializado, no quiero perder al lector mayoritario, ese que no es tan consciente de los juegos, rejuegos y construcciones que implica un texto.
Igualmente, quiero lanzarme - aquí sí- a llevar a sus últimas consecuencias algunos caminos - de investigación y de creación- que mi trabajo previo parece sugerir.
En fin. Cosa de volver a empezar.