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sábado, 18 de agosto de 2012

GOTEO

En estos días he hecho más esporádica mi escritura en blogs. Hay quien me dice que no sirven, no llegan al tipo de lector al que aspira un escritor o, en otro sentido, que es una propuesta más visual, más adecuada para fotografías o vínculos.

A mí lo que me preocupa es su capacidad de distracción. Creo que por estar fraccionando el pensamiento en pequeños tópicos, rachas de ideas cada vez más difíciles de sistematizar, uno empieza a perder la capacidad de concentrarse en un tema o de desarrollar una idea hasta sus últimas consecuencias (posibles).
En fin, hay otra cosa. Tampoco creo que el escribir sea un  ejercicio gratuito. A veces, como en esta ocasión, el duelo con el vacío tiene su lado gratificante. Pero me gustaría tener mejores asuntos de los cuales escribir. Tengo una buena razón: en este mundo cargado de barullo y malas noticias, el escribir es una apuesta por la capacidad y la imaginación humana. Frente a mí hay múltiples razones por las que parecería más sano y más urgente llevar algo más periodístico o historiográfico que las sempiternas luchas con el deseo de escribir. Pero, finalmente, estos espacios en blanco, este estar sin ideas es el momento angustiante que preludia un inicio. No sé que ni cual, pero tomarle la medida no puede ser completamente gratuito.

viernes, 10 de febrero de 2012

De madrugada.

Hay momentos en que sólo escribo por escribir. Hoy, por ejemplo, llene varias páginas de una libreta profesional de algo que espera ser publicado algún día. Igualmente, pienso recopilar mis textos dispersos e intentar darles algún orden. Sucede que al contacto con mis alumnos, y con algunas buenas publicaciones que atesoré durante los últimos años, me doy cuenta de que quiero retomar mi faceta de autor. La que me llevo a estudiar algo que francamente no estaba ranqueado correctamente en el top ten del pensamiento familiar. A estas alturas del partido, no puedo pasar por alto que son mis gustos y mis anhelos el entramado secreto que guía mis actividades presuntamente más consciente. El no publicar, el no tener listo un texto de ficción o no ficción para su publicación, me hace sentir vacío, baldado de alguna íntima forma. Eso me causa más escozor que no tener auto. Y aquí estoy, dueño de páginas inéditas y un profundo deseo de continuar.