miércoles, 22 de junio de 2016
Oaxaca, expediente abierto.
domingo, 26 de octubre de 2014
Víspera de Muertos
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Noche de verano de un mal año
En fin, está terminando el verano. No he querido ver las imágenes del consulado norteamericano en Bengasi, aunque no dudo que la idea de ceder el control de Siria a los islamistas el día de hoy debe resultarle menos atractiva al departamento de Estado que a principios de año. Ese es el problema de las intervenciones directas o indirectas: es extremadamente difícil que se ajusten a las previsiones originales. El día de hoy Malí y Libia padecen un descontrol que la muerte natural de Gadaffi quizá no hubiese provocado. Es mucho más fácil, pero lento, presionar a un estado que intentar construir uno de las cenizas de la rebelión. Claro, nada de lo que diga o escriba impedirá futuras intervenciones. Y resulta por lo menos contradictorio, opinar de una situación de guerra cuando mi propio país atraviesa una cuyos alcances y límites nunca han sido definidos y, por lo mismo, alcanza en su furor incierto a muchos inocentes inadvertidos. Es una guerra que no es. Aparentemente la primera "secuela", si cabe ese termino con respecto a un proceso bélico irregular y su impacto en la alta cultura, ha sido la incorporación de temáticas de violencia y narcotráfico a la literatura. En principio parece que la no ficción se lleva las palmas en este primer acercamiento y las literaturas en algún momento llamadas del Norte junto con ella. Leer a Diego Enrique Osorno y por el otro lado las últimas derivaciones de los textos de Luis Humberto Crosthwaite son la marca de una cierta reacción al fenómeno que creo, tendrá variaciones aún más importantes. En medio de las proclamas gubernamentales y los esfuerzos de ciertos sectores de la sociedad por ver hacia otro lado (cuestión incierta pero comprensible) queda un tejido social maltrecho, lastimado, que exige múltiples narrativas para poder ayudar a la comprensión de la nueva realidad que, poco a poco, se va erigiendo.
Nuevamente revistas como Emeequis y Gatopardo así como diversos periodistas que enfrentan diariamente el riesgo y, sin embargo, no dejan de publicar su visión de esta realidad distorsionada son los pioneros en este proceso de resignificar. Queda por ver cómo reconstruiremos una visión cultural de nosotros mismos, plurales y a veces enfrentados, sobre las bases que nos dejan los grandes nombres que se escapan: Carlos Montemayor, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Tomás Segovia y otros un poco más lejanos pero no menos relevantes como Octavio Paz, Fernando Benítez, etc.
A la larga y pese a los cantos fúnebres que suelen acompañar el desempeño de la novela, sólo ésta permite esa visión global de la realidad que brinda a una generación la oportunidad de tomar posesión del mundo que habita y heredarlo a nuevos lectores. Más que pensar en la frivolidad de una reseña o un premio literario, la meta debería ser generar esa narrativa que refleje con la distancia y penetración necesarias, las profundas transformaciones de las que esta violencia es heraldo, consecuencia y síntoma.
jueves, 9 de junio de 2011
Panorama previo a la batalla en el interior de México
1) No, no interesa de momento el Estado de México. Ya habrá momento y lugar de mencionarlo, una vez que la situación se defina.
2) Lo interesante son las entidades donde se consolidan los gobiernos fruto de las alianzas electorales – en realidad grupos políticos locales, sin una verdadera vinculación con los partidos que los postularon-. Estos gobiernos presentan en general un aspecto de consolidación de las figuras electas, con distintos grados de dominio.
3) Oaxaca es el estado que presenta una mayor inestabilidad. Esta inestabilidad, no es el fruto de la fortaleza del priismo, sino más bien de las inercias y los agravios acumulados en años recientes. El verdadero conflicto se da entre el poder ejecutivo y el entramado de poderes fácticos de las distintas regiones. Con todo, el conflicto social parece desarrollarse en los márgenes de lo manejable.
4) Puebla presenta un ejecutivo fuerte, sin figuras políticas que le hagan sombra o le sirvan de contrapeso. Sin embargo, el aparato de estado parece no estar operando a su total capacidad, la transición encuentra a una clase política y administrativa que fue devorada por los excesos del marinismo y que, ante la novedad del cambio de signo político, parece no caminar a un ritmo uniforme.
5) Sinaloa se ve fuera del foco nacional. Las heladas del primer semestre del año y la sombra del narco son las únicas notas que de cuando en cuando aparecen en los medios. De lejos, parece existir un cierre de filas de las fuerzas políticas locales.
6) Todas estas entidades muestran ser favorecidas por el titular del ejecutivo. En todas ellas se anticipa el surgimiento de un fenómeno similar al chiapaneco, donde una élite local se arropa en una alianza y, pese a su origen priista, al final del sexenio resulta ser relativamente autónoma a los referentes nacionales, lista a acomodarse a la coyuntura, entre gris y atigrada en la tarde-noche de la transición.
7) La economía se puede convertir en una pesada loza para las clases dirigentes. El hecho de que no haya crisis no obsta para que un sentimiento de desesperanza y pesimismo se vaya extendiendo. Las protestas sociales europeas y árabes no son producidas por el twitter, sino por la imposibilidad de acceder a una vida digna o, más bien, a una vida en la que se puedan satisfacer algunas de las pretensiones que una cultura consumista identifica como el éxito social. Entre la exaltación del consumismo y la falta real de oportunidades es donde la exasperación y el ansia de ascenso social pueden convertirse en el acicate de un cambio que por imprevisible, en el fondo es temido por las élites. El twitter en este caso sólo sirve de espoleta, pero el explosivo viene de lejos y es abundante. Por cierto, la crisis se expresará a nivel federal, cuando los excluidos o incómodos con los acuerdos a nivel entidad puedan articular sus exigencias y el poder ejecutivo federal se encuentre de nuevo débil.
lunes, 21 de febrero de 2011
Amaneceres. Egipto y México
A este polo – necesariamente ideal, en los hechos necesariamente cruzado por contradicciones y matices- se contrapone una nueva actitud. ¿Qué la caracterizaría a mi juicio? Veo una mayor horizontalidad, un cierto desparpajo, un desapasionamiento que no necesariamente es apatía como los críticos a las nuevas generaciones suelen ver. No se trata de algo ideológico – aún-, pero desde otra dimensión, aquella que expresa lo político en lo cotidiano, puede a la larga ser tan catastrófico para la pirámide mexicana de poder como lo fue para la egipcia. La diferencia, creo yo al ver a mis alumnos, a los preparatorianos y a tanta juventud bullendo más allá del sicariato y la inopia institucional, es que esa aparente despolitización y no organización incluye la formación paralela de formas más horizontales, más flexibles, menos ostentosas de ejercer las libertades, conformar las opiniones y a la larga, de un modo difuso y paulatino, de ejercer el poder.
No creo, sin embargo, que un día me despierte con un presidente huyendo a Miami o a La Habana. Más bien, creo que alguien despertará, algún día, en un país donde el vigor de la sociedad haga de la figura presidencial algo tan relevante como la figura del rey de Inglaterra. Y en esa medida jefes, maestros, sacerdotes, maestras, jefas y religiosas( por decir algo) más humanas en su trato y aspiraciones que la constelación de sátrapas de todo signo que suele caracterizar la vida pública y privada del país.