miércoles, 9 de mayo de 2012

La importancia de la escritura

Nuevamente me pierdo en el ejercicio de teclear algo a media noche. Más que insomnio es la necesidad de comunicar algo. Algo que, más que inefable, todavía no puede decirse porque no está escrito. 
Distintas cosas me han estado distrayendo los últimos meses. Eso que la mayoría llamaría vida. El trabajo, el estudio, el trato con el resto de la gente. No, no reniego ni rehuyó tal cosa. Pero yo llevo escribiendo desde la secundaria y leyendo desde los seis años. No aprendí en preescolar, simplemente me ponía a ver las fotografías de los libros sin realmente leer. La escritura fue más inocente. Empece en las páginas de enmedio de las libretas. Las de hasta atrás eran para teléfonos y dibujos. Me encanta dibujar, todavía me fascina tomar la manteleta de un restaurant y llenarla de visiones más o menos oníricas.
La fotografía y la pintura eran artes mayores que jamás domine, pero el coqueteo sigue.
Tarde años en aprender a escribir en un español más o menos académico. Creo poder hacerlo, pero aún me preocupa más la posibilidad de volcar mis obsesiones en el papel. Porque soy vieja escuela. Escribo preferentemente en papel y luego capturo. Excepto estos ejercicios.
Creo que no se ha perdido esa sospecha del racionalismo y la visión religiosa en contra del poder herético del que se aproxima sin sanción superior a ejecutar un texto. La sospecha es contra el texto.
No se escribe porque sirva para algo concreto sino porque se quiere. Si se vende, obtiene un premio o el texto informa algo es ganancia, pero la idea primordial era escribir. Y entonces uno resulta tan impredecible que moverse en el sistema - que es como el aire, te rodea, te envuelve y aunque te enojes te sustenta- se vuelve un poco difícil, un equilibrio entre cálculo y placer, entre ganar un premio y/o prestigio y la posibilidad de sólo desvelarte para escribir porque quieres que alguien te lea.
Al final te das cuenta, hagas lo que hagas, no debes renunciar al gusto que tuviste la primera vez que te desvelaste escribiendo. Alguien podría leerte.

sábado, 10 de marzo de 2012

Italianos


Tengo un libro de Gramsci en la cabecera. Sus cartas. También tengo el epistolario más o menos completo de Pasolini. En ambos casos se trata de autores que disfruto de diversas maneras. En ellos coinciden mis lecturas políticas y las literarias. Sin embargo, no he podido terminar ninguno de los dos libros. Es, más bien, una especie de adivinación la que ejerzo con los libros de estos connotados materialistas. Los tomo al azar y leo lo que me place. Esta lectura anárquica me trae a la mente un texto de Reyes en La experiencia literaria donde exaltaba la necesidad de tener una lectura sistemática, filológica por decirlo así. Ese hermoso párrafo del orden y de la sistematización vuelve a mí cada que tomo alguno de los volúmenes y me pierdo en el joven Pier Paolo fascinado por el futbol o en las angustiosas búsquedas de Antonio del mecanismo que le permita sobrevivir al encierro, a ese otro mundo que, por estar cerrado, es un aleph de la sociedad contemporánea.
No es que no pueda hacer una lectura sistemática. La hago seguido. No con la entrega de cuando realizaba mi tesis. Todavía guardo silencio cuando alguien cree que es gracia declarar algo sobre algún tema sin conocerlo a profundidad. Pero coincido en que no es lo más placentero. Me leo y me contradigo mentalmente. Estoy pensando en todos aquellos que creen que el no tener estudios formales de literatura es una ventaja ante el texto. No es así. Vamos, no implica sino la posibilidad de darle un cierto orden a las lecturas y, el problema, precisamente, es que por lo menos debes saber que ese orden es necesario o posible. Hay placeres de otro tipo en esa segunda, tercera o cuarta lectura.
Vuelvo a Gramsci y a Pasolini. Me permiten saltar del tema de la novela contemporánea y la sexualidad reprimida al de los bajos salarios de los profesionistas. Esos son mis temas, mi mundo a pesar de toda la globalidad que queramos incluir. Es mi desorden. El ansia de conocer un poco de este mundo, habiendo surgido de los coros de ángeles, arcángeles y héroes nacionales de la historia patria. Pero veamos las cosas con atención: un hombre que encerrado en las más duras condiciones logra armar una interpretación fértil y flexible de una teoría que suele sufrir la mutilación de su dinamismo en pro de la ortodoxia. Eso requiere disciplina. La clase de orden, de lectura cuidadosa que rehuyó con ellos. Pasolini es más un hombre de acción. Un cristiano atormentado por el pecado que llega a Marx a través de Cristo. El deseo, el pecado, la caridad, para él son vivencias, como el movimiento social es vivencia para Gramsci. No estamos en el concepto, en la arquitectura pura del intelecto. Es una escritura cargada de una dimensión vivencial que va en contra del orden de lo sistemático. Sin embargo, presuponen ese esfuerzo. Lo desbordan.
Sigo pensando en ellos. Algo me dice que en ellos hay cuerpo, historia y sangre. Como en la Biblia. Aparte esta aquel escrito sobre la India – y esas burlas en Gramsci al padre Bresciani-. Sólo termino pensando que, pese a la necesidad de la sistematización, del orden, también se necesita un espacio para lo abigarrado, lo desordenado, aquellas lecturas que en su amplitud nos devuelven un poco de ese caos vital que, si no se presenta, nos ahoga en rutina.

viernes, 10 de febrero de 2012

De madrugada.

Hay momentos en que sólo escribo por escribir. Hoy, por ejemplo, llene varias páginas de una libreta profesional de algo que espera ser publicado algún día. Igualmente, pienso recopilar mis textos dispersos e intentar darles algún orden. Sucede que al contacto con mis alumnos, y con algunas buenas publicaciones que atesoré durante los últimos años, me doy cuenta de que quiero retomar mi faceta de autor. La que me llevo a estudiar algo que francamente no estaba ranqueado correctamente en el top ten del pensamiento familiar. A estas alturas del partido, no puedo pasar por alto que son mis gustos y mis anhelos el entramado secreto que guía mis actividades presuntamente más consciente. El no publicar, el no tener listo un texto de ficción o no ficción para su publicación, me hace sentir vacío, baldado de alguna íntima forma. Eso me causa más escozor que no tener auto. Y aquí estoy, dueño de páginas inéditas y un profundo deseo de continuar.

martes, 20 de diciembre de 2011

Casi Navidad

En fin. No me sorprende la manera en que la vorágine comercial desplaza el festejo religioso. O cómo quienes quieren promover la religiosidad de la fecha - más ligada al solsticio y a esa común consciencia del final visto por todas las civilizaciones de raíz agrícola y estacional- promueven el rito y no su necesaria introspección.
En fin. Cada vez más una Navidad sin Niño Dios. Pero bueno, apenas observe un pagano pero ya tradicional árbol navideño adornado con imitaciones de billetes de alta denominación. Feng shui le llamaban a esa impostura. Quise revisar si bajo el árbol no había una terminal de carga y descarga o un rastro tipo TIF junto a una clínica privada, pero no, seguía el Nacimiento. Y eso implica que la Crucifixión también sigue ahí. Alfa y Omega, Final y Principio. Aunque no se crea en nada es necesario respetar los ritmos del Cosmos, esa mera consciencia del pertenecer que el toma y daca del mercado no deja de debilitar si se le abandona a la tenacidad de la élite financiera.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sobre cultura política y literaria en México


Acabo de enterarme de las declaraciones del Dr. Cordova ( precandidato al  gobierno de Guanajuato por Acción Nacional y exsecretario de salud) en las que confunde una obra clásica de Maquiavelo con la obra clásica de Saint-Exupery. Esta declaración fue la última de una serie que amenaza con extenderse como cascada y donde uno de los “argumentos” de la defensa ha sido el demeritar el papel de la cultura literaria frente a la sociedad en general y en su papel de componente relativo del bagaje de una cierta clase política.
En medio del debate aparecen ciertas aristas peligrosas que para apreciarse deben sacarse por un momento del debate electoral para luego retornar a él desde otra perspectiva. En primer lugar, la cultura de la clase política. El gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, y el precandidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador me servirán para ejemplificar. Uno cito en la prensa como las obras que más influyeron en él : El arte de la guerra de Tzun- Su, Las 48 leyes del poder de Robert Greene y La batalla del cinco de mayo de Pedro Ángel Palou (ver http://www.sexenio.com.mx/puebla/articulo.php?id=6615 junto con otros ejemplos locales) El candidato izquierdista habló de “La Constitución”. Visto con cuidado, aquí se revelan las raíces del lapsus de Córdova. Por un lado existe una clase política que se nutre de lecturas – en el mejor de los casos- especializadas sobre el fenómeno y la práctica del poder y, por otro, una expectativa social donde la cultura y, en particular la alta cultura –cierta música, cierta literatura, otras artes- son atributo del gobernante y el ciudadano. Y aquí comienza el embrollo. No sé puede leer El arte de la guerra sin vincularlo con la filosofía  y la cultura china. No es un manual o un compendio como podría aspirar a ser el libro de Greene. Mucho menos se puede hablar de la constitución, un conjunto de normas, como una influencia literaria. Cuando Córdova quiere mostrarse culto confunde un libro que tiene profunda aceptación y resonancias emocionales entre la ciudadanía con un texto, igualmente clásico, pero de una naturaleza radicalmente distinta.
Parece que la visión, la perspectiva sobre la cultura de una buena parte de la clase política mexicana esta permeada por una necesidad de utilidad, por un irrefrenable sentido de lo instrumental, donde lo bello, lo artístico y lo expresivo, está de más.  Esa visión instrumental, de especialista en el discurso del poder, choca con las expectativas de otros componentes de la sociedad que aspiran a algo más integral. Lo verdaderamente desolador es que estos otros sectores de la sociedad – mucho más sensibles a la alta cultura o conscientes incluso del valor de la cultura popular, no meros vivenciadores de ésta- normalmente no le dan al fenómeno del poder la importancia debida y no traducen su diferendo con los especialistas políticos en una posición y una participación cívico-política sostenida que pudiera contrarrestar la brutal especialización.
De momento, la síntesis se antoja imposible. Tenemos especialistas en las técnicas y los discursos del poder y especialistas en las técnicas y discursos del conocimiento y el arte. Son estos segmentos los que se enfrentan en las polémicas estériles del momento. Estériles porque el conocimiento tanto de la esfera del poder como de la alta cultura no trascienden al resto de la sociedad. Una amplia mayoría no leerá ni uno ni otro tipo de obras. Su vida está condicionada ya por la carencia de medios de acción y de expresión, tanto políticos como artísticos. Mientras tanto, la hiperespecialización avanza y la creación de una colectividad conocedora de los mínimos indispensables para saberse, entenderse y expresarse como ciudadana, se posterga indefinidamente.

viernes, 7 de octubre de 2011

Sobre escritura.

Suelo revisar lo que escribo. Sin embargo, otras veces prefiero simplemente pasar mis dedos sobre el teclado y dejar que el momento dicte lo que escribiré. Estos días me encuentro muy preocupado por mis textos. Tras unos cuantos años de escribir cuentos (cortesía de Gabriel Wolfson la pulsión autocrítica) me descubro insatisfecho una vez más con ellos.
Para empezar, creo que necesito ampliar mis lecturas. Los temas que solían atraerme necesitan un nuevo tratamiento. En este sentido, el dar clases ayuda a romper un poco los tabués con los que uno construyó su percepción. Y adquirir otros.
En principio, si bien no renuncio al lector especializado, no quiero perder al lector mayoritario, ese que no es tan consciente de los juegos, rejuegos y construcciones que implica un texto.
Igualmente, quiero lanzarme - aquí sí- a llevar a sus últimas consecuencias algunos caminos - de investigación y de creación- que mi trabajo previo parece sugerir.
En fin. Cosa de volver a empezar.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Incorrecciones fragmentarias.

El otro invierno

Al amanecer las casas se habían esfumado. Toda la extensión del mundo se había convertido en una estepa desolada o, por lo menos, eso era lo que percibía. Me baje de la cama. Afortunadamente seguían en su lugar las chanclas. Luego empecé a sentir el aire.

Triángulo

Ella dejo de amarme. Y en las cárceles en las que entonces me encontraba comenzó a resultarme atractiva la soledad. Una noche me hice de las cintas de un zapato. Las até de un barrote y comencé a besarme con la Muerte. En medio de los últimos espasmos de su lascivo abrazo, me di cuenta lo excitante que es un triángulo amoroso cuando se termina el tiempo.

Marxismo

Siempre me causó estupor la relación entre las apretadas columnas de letras del Capital y Los Cuadernos de la Cárcel con el coraje de un estudiante levantando el puño y con la foto de Dubcek. Ahora que los vendo al dos por uno frente al Palacio de Bellas Artes entiendo que logran una sensación que difícilmente Friedman podrá lograr.

Barroco I

No entienden que esos pliegues, esas sombras, esos desbordamientos son el estruendo de la materia con el pretexto de Dios.

Futbol

Mis amigas no entienden la fascinación masculina por el futbol. Es el placer de una guerra sin muertos, rica en calorías y con ellas al final de la jornada pidiéndonos atención.

Economía neoclásica

Es como esos edificios inteligentes. Abundantes cristales, semejan frías agujas luminosas desde la lejanía. Te acercas, miras con cuidado y te percatas de que no producen nada.

Filias

No hay mayor obsesión sexual que el ocultamiento del cuerpo.

Fragmentación

En medio del debate entre los colectivos de homosexuales revolucionarios radicales y las feministas radicales revolucionarias, nadie se percató que los hijos de puta ortodoxos y unitarios seguían al mando.