domingo, 22 de mayo de 2011

La hora de la verdad en España

Mientras escribo estas líneas en España terminan las elecciones. El vuelco a favor del PP parece contrastar vivamente con la expectativa abierta por las concentraciones de la Plaza del Sol. Lamentablemente es un fenómeno bastante conocido en México. Pese a lo multitudinario que pueda ser una concentración, ésta no tiene una mayor incidencia en los resultados electorales. Más bien, es indicativa de un proceso mucho más lento, de profunda transformación de las prioridades de la ciudadanía y de sus maneras de hacer política.

Mientras el ciudadano que se congrega en una plaza pide un cambio, expresa una insatisfacción, muestra un rechazo, no tiene un programa unificador, una exigencia que permita convertir ese malestar en un cambio concreto. En la concentración, en la manifestación, se toma consciencia de otras formas de hacer política, de otras visiones de la realidad, incluso puede determinarse el rumbo de una existencia individual. Fuera de la plaza, el mundo de los acuerdos, todo ese entramado que en cualquier país constriñe a la soberanía popular a una mera fuente de legitimidad y no a una presencia actuante de la vida social, sigue operando. Ni la manera de operar del F.M.I. ni de la O.T.A.N. está sujeta a una democratización o un escrutinio. Su operación supera el espacio estatal donde lo popular se expresa. El verdadero problema a la larga, es que estas manifestaciones dejan a esa serie de acuerdos, de aparatos discursivamente montados en la idea de la soberanía popular, desprovistos de legitimidad. Es entonces cuando la hora de la verdad ha sonado, ya que las autoridades recién electas no van a administrar el consenso sino a lidiar con una exigencia de transición, per se indefinida y altamente crítica con lo existente. Retomando una parábola recurrente, tras un movimiento como el que se vive en España, una cierta forma de ver lo político se encuentra erigida sobre arena. En una de esas, es todo el aparato estatal.

lunes, 21 de febrero de 2011

Amaneceres. Egipto y México

A punto de terminar el mes de febrero. La revuelta árabe en la televisión. Más a la callada y bajo las quejas y reclamos de la población mexicana, observo un conflicto generacional similar al que atraviesa esas sociedades. Aquellos que nos formamos bajo el viejo régimen – con mayores agravantes en la medida que estemos más lejos generacionalmente de las elecciones competidas- tenemos una concepción política, más que aprendida, asumida, donde el ejecutivo (léase cualquier autoridad o mando en la cúspide de la jerarquía) tiene el poder definitivo. Arbitro supremo, responsable por acción u omisión de todo lo que acaece a su alrededor, alrededor de su figura e investidura tejemos mitos y anhelos; de su autoridad deviene la nuestra y, cual se tratara de un fractal, reproducimos la estructura jerárquica y autoritaria en todos los círculos en que nos desenvolvemos. De esto deviene la necesidad de guardar las formas, de cuidar las apariencias, de callar nuestras opiniones y esperar el momento para actuar. Se toleran atropellos, se disimulan faltas, los más honestos pensando que cuando otro honesto o ellos mismos detenten el poder podrá usarse ese aparato desmesurado para resolver adecuadamente los problemas. Y así, cuidando las formas, los equilibrios, los silencios compartidos pasan años.

A este polo – necesariamente ideal, en los hechos necesariamente cruzado por contradicciones y matices- se contrapone una nueva actitud. ¿Qué la caracterizaría a mi juicio? Veo una mayor horizontalidad, un cierto desparpajo, un desapasionamiento que no necesariamente es apatía como los críticos a las nuevas generaciones suelen ver. No se trata de algo ideológico – aún-, pero desde otra dimensión, aquella que expresa lo político en lo cotidiano, puede a la larga ser tan catastrófico para la pirámide mexicana de poder como lo fue para la egipcia. La diferencia, creo yo al ver a mis alumnos, a los preparatorianos y a tanta juventud bullendo más allá del sicariato y la inopia institucional, es que esa aparente despolitización y no organización incluye la formación paralela de formas más horizontales, más flexibles, menos ostentosas de ejercer las libertades, conformar las opiniones y a la larga, de un modo difuso y paulatino, de ejercer el poder.

No creo, sin embargo, que un día me despierte con un presidente huyendo a Miami o a La Habana. Más bien, creo que alguien despertará, algún día, en un país donde el vigor de la sociedad haga de la figura presidencial algo tan relevante como la figura del rey de Inglaterra. Y en esa medida jefes, maestros, sacerdotes, maestras, jefas y religiosas( por decir algo) más humanas en su trato y aspiraciones que la constelación de sátrapas de todo signo que suele caracterizar la vida pública y privada del país.

lunes, 17 de enero de 2011

El dia después

Estuve en la sesión del Consejo de Unidad. Tambien conoci los argumentos de distintos componentes de la comunidad estudiantil y académica. Es positivo que el bloqueo - hecha la aclaración de que no fue toma como en un primer momento se difundió- se haya levantado y comience esa lenta reconstrucción de consensos que, evidentemente, se daban por supuestos sin tener un verdadero sustento en la comunidad.
Lo rescatable también es la condena al uso de la violencia y la represión. Si todo marcha conforme a lo dialogado y acordado puede ser el inicio de una mayor cohesión y dinamismo en la facultad. Esperemos que así sea.
Queda patente la exigencia de justicia para los compañeros alumnos que sufrieron la represión. Una vez conocidos los detalles sorprende la falta de sensibilidad y tacto de quien tomó la determinación de obviar el diálogo y apelar a la fuerza llana y simple. Igualmente es el momento de iniciar una reflexión profunda sobre la universidad, su interacción con la sociedad y los diversos actores políticos. El saldo favorable de todo este proceso es percatarse de la madurez de la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP.
Mañana, a clases.

domingo, 16 de enero de 2011

La despedida y el inicio

Me asomo sobre Juan de Palafox – la calle que es continuación de Reforma y lleva el nombre de un visitador de la Corona que no tuvo empacho en desatar una feroz campaña antijudía, nada malo para el gobierno de la época pero extraño para una calle de una ciudad laica-. Hay muchachos sentados en la calle, cerrando el paso de los vehículos. Empezó siendo una protesta contra el alza de pasaje y ahora la Universidad tiene una de sus facultades tomadas.
No sé qué pasó para que esto ocurriera. Sí, me lo han narrado. Si, sé que hubo golpes. Y me llega a la memoria la huelga de la UNAM. Un movimiento justo en su momento que terminó en la ocupación de C.U. por la Policía Federal Preventiva. Entre ambos momentos medio la desproporción entre los fines y los medios. Si se había aceptado el retirar el alza de cuotas y tantas otras medidas, ¿por qué no levantar el paro?
Algo de eso veo en la toma de la facultad. Las razones para la marcha son válidas, la protesta por la violencia, también. Pero la toma, conforme pasa el tiempo parece más y más desproporcionada.
En un aspecto no. Está a punto de cambiar el gobierno del Estado. Es una paulatina liberación. De la prensa a modo, de gente que le veía dotes de estadista a un gobernador oscuro, de las revistas de sociales invadidas por recién llegados en plena ostentación. La toma quizá sirva de catarsis para poner sobre la mesa temas que sólo se planteaban en voz baja. Se trata de un sector –el estudiantil- que desde hace mucho se veía forzado a ser espectador de los hechos.
Es bueno el entusiasmo, la voluntad de cambio, el ansia de romper el marasmo. Pero esas fuerzas deben manifestarse en la Universidad y en sus instancias. O en la lucha política de manera acorde a los retos que se plantean. No hace falta cerrar las instalaciones de la Universidad. Todos estamos entendiendo que una época está comenzando. No el morenovallismo, sino más bien el despertar de una ciudadanía aterida. Y esa es la mejor manera de despedir este gobierno.

sábado, 24 de abril de 2010

Extravios

Volví a publicar entradas en Viajero en Mathurai el blog que en teoría iba a pasar a mejor vida. Al final creo que ambos espacios se pueden manejar de manera paralela, como un extraño diálogo con las posibilidades de la palabra.
A ver que pasa.

sábado, 9 de enero de 2010

Comenzar de nuevo

En estos días he tenido que reconocer una necesidad acuciante de cambiar mis métodos de escritura. Cuando inicie a escribir apelaba a la creatividad absoluta. Escribía, escribía y escribía. Más allá de la calidad, por lo menos podía llenar páginas más o menos coherentemente sin grandes pausas. Ahora eso es imposible. Si no armo esquemas, si no apelo a ciertas mañas que desdeñe hace tiempo pero no olvide, podría quedarme sin acabar una historia por mucho tiempo.

En realidad, nunca se acaba de aprender. Y una vez agotado ese primer momento de inventiva natural, de arranques imparables, no queda más que probar de nuevo y empezar de cero.

martes, 5 de enero de 2010

Siberia emocional

Casi es imposible resistirse a la tristeza a principios de año. Uno puede plantearse escribir una novela o poesía confiando en que ese sentimiento le dará eficacia. Lo normal es que acabe uno escribiendo como viejito en asilo soviético: quejándose de las carencias, el mal trato, el despotismo y el hecho irrefutable de que ese asilo hace veinte años que es ruso como en su momento se deseo ardorosamente.