lunes, 17 de enero de 2011
El dia después
domingo, 16 de enero de 2011
La despedida y el inicio
No sé qué pasó para que esto ocurriera. Sí, me lo han narrado. Si, sé que hubo golpes. Y me llega a la memoria la huelga de la UNAM. Un movimiento justo en su momento que terminó en la ocupación de C.U. por la Policía Federal Preventiva. Entre ambos momentos medio la desproporción entre los fines y los medios. Si se había aceptado el retirar el alza de cuotas y tantas otras medidas, ¿por qué no levantar el paro?
Algo de eso veo en la toma de la facultad. Las razones para la marcha son válidas, la protesta por la violencia, también. Pero la toma, conforme pasa el tiempo parece más y más desproporcionada.
En un aspecto no. Está a punto de cambiar el gobierno del Estado. Es una paulatina liberación. De la prensa a modo, de gente que le veía dotes de estadista a un gobernador oscuro, de las revistas de sociales invadidas por recién llegados en plena ostentación. La toma quizá sirva de catarsis para poner sobre la mesa temas que sólo se planteaban en voz baja. Se trata de un sector –el estudiantil- que desde hace mucho se veía forzado a ser espectador de los hechos.
Es bueno el entusiasmo, la voluntad de cambio, el ansia de romper el marasmo. Pero esas fuerzas deben manifestarse en la Universidad y en sus instancias. O en la lucha política de manera acorde a los retos que se plantean. No hace falta cerrar las instalaciones de la Universidad. Todos estamos entendiendo que una época está comenzando. No el morenovallismo, sino más bien el despertar de una ciudadanía aterida. Y esa es la mejor manera de despedir este gobierno.
sábado, 24 de abril de 2010
Extravios
A ver que pasa.
sábado, 9 de enero de 2010
Comenzar de nuevo
En estos días he tenido que reconocer una necesidad acuciante de cambiar mis métodos de escritura. Cuando inicie a escribir apelaba a la creatividad absoluta. Escribía, escribía y escribía. Más allá de la calidad, por lo menos podía llenar páginas más o menos coherentemente sin grandes pausas. Ahora eso es imposible. Si no armo esquemas, si no apelo a ciertas mañas que desdeñe hace tiempo pero no olvide, podría quedarme sin acabar una historia por mucho tiempo.
En realidad, nunca se acaba de aprender. Y una vez agotado ese primer momento de inventiva natural, de arranques imparables, no queda más que probar de nuevo y empezar de cero.
martes, 5 de enero de 2010
Siberia emocional
viernes, 25 de diciembre de 2009
Tampico
1) En la carretera, más allá del entronque que viene de Cd. Valles. Comienza una serie de ciénegas y lagunas donde los patos, los cormoranes y otras aves acuáticas abundan. De cuando en cuando algunos riachuelos e instalaciones petroleras. En uno de los canales que se cruzan, tomando el sol sobre un ducto de PEMEX ,dos enormes iguanas verdes, de tan viejas con una cresta enorme y largas colas. ¿Quién las iba a molestar ahi? ¿Alguién se atrevería a disparar al ducto?
2) En el puente que une Pánuco con Tampico. Casas y barcos casi tocándose. Óxido y olas. Sobre las aguas, próximos a las construcciones arracimadas en la rivera, pelicanos pardos. En los tejados, airones y garzas.
3) El hotel era verdaderamente barato. Un leve norte hacia innecesario pagar aire acondicionado. Me recosté con toda la jaqueca de un mal dormir por más de diez horas. Y de repente noté un viejo rumor conocido para quien creció en costa: el mar muy a lo lejos. Deje que me inundará el sueño.
4) En la Plaza de la Libertad confluyen construcciones de principios del siglo pasado tipo Nueva Orleáns con algunas más viejas. La gente me resultaba atractiva, una mezcla entre norteños y veracruzanos - ni lo uno ni lo otro-que reía bajo el norte. Toda mi estancia en la ciudad la pasé mojado, resintiendo en los huesos el viaje, pero feliz.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Entre las calles y el poder
En estos días he estado leyendo País de un solo hombre: el México de Santa Anna, libro extremadamente interesante de Enrique González Pedrero, exdirector de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y exgobernador de Tabasco.
Dentro de las aristas que me llamaron la atención y que, sin embargo, no podré desarrollar por ser ajenas a mis investigaciones, esta el relato que hace sobre la manera en que se van estructurando redes clientelares en la ciudad de México. Al principio, a partir del trabajo de monjes y párrocos – el bajo clero de la ciudad- se van creando redes de interés y asistencia en los barrios más pobres. Estas redes se vinculan primero a Iturbide y se convierten en ingrediente obligado del golpeteo político del México independiente. Uno de sus rasgos será la conjunción de religiosidad popular con el caudillismo político y el aventurerismo más desfachatado. Lo mismo harán bulto en las procesiones religiosas que solicitaran la expulsión de los españoles. Del apoyo a Iturbide pasaran a la exaltación de Victoria y, más tarde, al cierre de filas con Lobato y Guerrero.
Lo gracioso es que, pese a existir excelentes estudios, múltiples referencias y testimonios, la gente en su mayoría se sorprenda de la pervivencia del fenómeno en el México actual. El expediente clásico es señalar la existencia de estos grupos como una resistencia a la modernidad. El problema es que precisamente la modernidad es la que les da origen. Son el resultado de la ruptura de la sociedad colonial y de la institucionalización de la marginalidad antes que una pervivencia de esa sociedad. Esto no implica que no se hayan transformado. Sin embargo, los nombres de los frailes, de los agitadores de ese temprano siglo XIX –referidos en la obra de Gónzalez Pedrero- anticipan la sofisticación que alcanzarán los actuales grupos de presión del DF y el resto de las megalópolis mexicanas. Alejandra Barrios, la Loba de Chimalhuacan, los ambulantes poblanos, todas esas manifestaciones nacen y se desarrollan a partir del surgimiento y las precariedades del estado nacional.